La ruta del hablar en la escuela

Entre los eventos denominados Día del logro, o simplemente en cualquier día de labores, en los centros de Educación Inicial y en los primeros grados de la Educación Primaria hay una actividad que me sorprende sobremanera: niños de cinco o seis años presentan exposiciones ante los demás.

Para la ejecución de esta actividad, el movimiento comienza en los hogares el día anterior a «la exposición”, cuando los padres preparan a su retoño para que salga airoso. Enterados del tema que le que toca al niño, se afanan pensando en lo que debe decir y como; idean más o menos el discurso y se lo explican; le preparan los materiales que va debe mostrar; hacen que el niño, ya son soñoliento, haga una prueba de su presentación.

Al día siguiente, a la hora de la exposición, los padres se preguntan inquietos si su niño dirá bien lo que le prepararon; el niño expone cuando le toca el turno y sus compañeritos lo escuchan, probablemente sin entender mucho.

No recuerdo lo que dice el currículo al respecto; no alcanzo a saber lo que aconsejan los especialistas de las UGEL en sus acciones de supervisión o de capacitación; pero estoy convencido que de que por allí no va el camino.

Una tarea ineludible de la educación escolar es orientar el desarrollo del lenguaje de los niños y adolescentes. Esta atención debe ser integral y paulatina, tomando en cuenta el hecho de que el desarrollo es progresivo. Me valdré de un ejemplo tomado de la arquitectura, cuando se trata de construir las gradas que favorecerán la subida: se construye la primera grada y sobre ella se construye la segunda, sobre la cual se monta la tercera, así se avanza. Y cada vez que se añade una nueva grada, las de abajo permanecen y se hacen cada vez más anchas y sólidas. Algo parecido sucede con las capacidades del lenguaje, entre ellas las de la comunicación oral. En una secuencia como la descrita, la exposición oral no está al comienzo; su lugar esté cerca del final.

Lo que está al comienzo es la CONVERSACIÓN. Hay, por supuesto, la con-versación natural, que es espontánea, sin otro fin que mantener cierta unión amical o familiar entre personas que por un momento se encuentran. Esta conversación es tan suelta que la escuela no tiene que estimularla ni darle forma.

En la que sí interviene la escuela es en la CONVERSACIÓN NORMADA (no le hallo otro nombre). Es la conversación como actividad pedagógica, que el profesor promueve para un lapso dado con propósitos explícitos: que los niños pierdan el miedo a hablar y sepan escuchar al otro, que aprendan a sujetarse al hilo de la con-versación con intervenciones pertinentes y oportunas. Es el caso, por ejemplo, de una conversación sobre lo leído en un texto, sobre lo visto en un documental o sobre un suceso del que se tiene noticia.

Es posible la DELIBERACIÓN, aquel evento en que se cruzan ideas para dejar más o menos en claro algún asunto o recoger elementos para una decisión. Deliberan los jovencitos que quieren decidir el nombre que le pondrán a su promoción o los compañeritos de un salón que deliberan para decidir quienes los van a representar en las olimpiadas del centro educativo.

Podemos hablar del RELATO, que es una intervención más prolongada narrando lo que se ha visto o aquello que le ha sido contado a quien narra, como cuando se reproduce un evento de la historia sobre el que se leyó antes. La narración escolar es distinta y más exigente que la narración eventual que a veces se hace en medio de amigos. Presentar a situación, identificar a los personajes, exponer en orden los hechos, exponer las consecuencias. Hacerla de este modo es resultado de un aprendizaje y de una ejercitación pacientes, como parte de las actividades en áreas como las de ciencias sociales.

No se puede olvidar la DESCRIPCIÓN, que puede ser en grupo cuando se hace la lectura de una imagen y uno u otro de los alumnos va diciendo detalles que descubren en el cuadro o cuando se exponen los parecidos y diferencias entre dos platas que se tiene a la vista. Y sigue habiendo descripción cuando uno de los alum-nos resume lo que se ha ido descubriendo en las observaciones en grupo. La descripción no es fácil, pues en el fondo hay varios tipos de descripción (de personas, de objetos, de fenómenos, de procesos) y una es diferente de las otras.

Es obligado considerar al DIÁLOGO, que es un intercambio de pareceres con un propósito definido: llegar a un acuerdo, resolver un problema y hasta construir un conocimiento. Diálogos puede haber para acordar las medidas que impidan un caso concreto de “bullying” que afecta a un compañero, para definir fecha y lugar de una excursión de estudios o cuando se quiere sistematizar observaciones recogidas en experiencias vividas, como cuando se quiere identificar los problemas que afecta a la comunidad.

Ya cerca del final está la EXPOSICIÓN, que es le presentación ordenade de ideas. Se suele exponer casos, los argumentos que fundamentan una propuesta, las conclusiones de una investigación, las ideas recogidas en un texto examinado, etc. Armar un relato no es sencillo, pero contamos con una ayuda: la memoria de sucesos externos a cuya secuencia nos ceñimos, no tenemos que inventarla; armar una descripción tampoco es fácil, pero estamos asistidos por el objeto de nuestra descripción que tiene estructura y características a las que le damos nombres cuando nos lo describimos. Armar una exposición ya es más complejo: la estructura y las ideas son nuestras. Debemos ajustarnos a la lógica, que no nos es natural y tenemos que aprenderla. Hasta nuestro cerebro nos constriñe: está preparado para el rigor lógico recién a partir de la adolescencia.

No abundaré sobre el DEBATE, casi no es ya una actividad escolar sino una actuación en la vida social, ciudadana, política, laboral. Requiere de lo que la persona aprendió en las deliberaciones, en los diálogos, en las exposiciones.

Cada una de las acciones del habla formal tiene un formato, técnicas propias para su formulación, hasta un empleo peculiar del idioma. No crece como las plantas silvestres, sino que debe ser impulsada y enseñada. Las capacidades para hacer empleo del don del habla que tenemos los seres humanos se forman mejor si son obra de la escuela, de un trabajo sistemático que dura varios años.

Como dice el refrán italiano: “Piano piano si arriba lontano”. Será lindo, simpático ver a un niñito de pocos años hacer una exposición, pero eso es solo un acto fingido que no alcanza a dar los frutos esperados cuando se hace tan temprano. Podremos ver exposiciones en niños mayores y adolescentes, pero ya no serán obra de sus padres que se develaron en la víspera.

Nota: Lo siento. Tengo que usar sustantivos masculinos (profesor, niño) consciente de que son abarcadores y que no excluyen a profesoras a niñas. Cosas de la lengua.

manueljesusvaldivia@gmail.com

Lima, setiembre de 2021

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Manuel Valdivia Rodriguez
Docente, graduado en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta. Se desempeña actualmente como asesor pedagógico. Ha trabajado en proyectos educativos para organismos internacionales en Perú, Bolivia, Ecuador, Guatemala. Responsable de la Diplomatura en Didáctica de la lectura y producción de textos funcionales en la educación primaria en la PUCP. Especialista en temas de pedagogía general y pedagogía del lenguaje, currículo, educación bilingue, educación rural. Tiene un blog: Gaceta de Educación y Pedagogía.