Sin celular, ¿ahora qué?

Una escuela madura digitalmente no es la que deja usar todo ni la que bloquea todo. Es la que enseña a decidir cuándo, cómo y para qué usar tecnología

Sandro Marcone | Perú21

El debate sobre los celulares en la escuela suele plantearse como una batalla entre permitir o prohibir. Conviene distinguir entre prohibir, restringir y dosificar. Prohibir expulsa el celular de la vida escolar. Restringir pone límites. Dosificar exige criterio pedagógico: cuándo no debe usarse, cuándo puede usarse y para qué.

Un reciente estudio del National Bureau of Economic Research analizó el efecto de las fundas bloqueables en escuelas de Estados Unidos. La conclusión inicial no sorprende: cuando los celulares se guardan bajo llave, su uso durante la jornada escolar cae de manera importante.

Pese a esa reducción, el estudio no encuentra mejoras relevantes en los aprendizajes. Tampoco se observan mejoras claras en asistencia, atención autorreportada o percepción de ciberacoso. Además, durante el primer año aumentan los incidentes disciplinarios y cae el bienestar de los estudiantes, aunque luego estos efectos tienden a moderarse.

Parte de la evidencia internacional muestra que las restricciones pueden tener efectos positivos: mejorar puntajes, reducir ausencias o disminuir bullying. Pero también deja una advertencia fundamental: prohibir los celulares no mejora automáticamente el aprendizaje. La implementación, la edad de los estudiantes y la estrategia pedagógica posterior importan tanto como la restricción misma. La escuela necesita gobernar el uso de la tecnología, no simplemente expulsarla.

Una escuela madura digitalmente no es la que deja usar todo ni la que bloquea todo. Es la que enseña a decidir cuándo, cómo y para qué usar tecnología. El celular puede y debe restringirse en muchos momentos, pero una escuela que solo prohíbe renuncia a enseñar una competencia indispensable: aprender a vivir, pensar y decidir en un mundo digital. La prohibición puede apagar una distracción, pero no encender el aprendizaje.

Lima, mayo de 2021

Fuente: Perú21