Bienvenidos a la edición 107 de Educacción. En esta entrega, ponemos en evidencia las profundas contradicciones de un sistema educativo que, si bien declara buscar el pensamiento crítico y la innovación, en la práctica sigue aferrado a estructuras que asfixian la autonomía de sus actores. Desde la política macro hasta la intimidad de la sesión de clase, los ocho artículos de este número nos invitan a desarmar las lógicas tradicionales para devolverle el sentido a la experiencia de enseñar y aprender.
Comenzamos señalando las omisiones y los riesgos en las decisiones de política pública. El pronunciamiento de Foro Educativo enciende las alarmas frente al proceso de renovación del Consejo Nacional de Educación (CNE), exigiendo postergar la convocatoria actual frente a la falta de garantías, y demandando una ley que blinde su autonomía, pluralidad y representatividad frente a los poderes de turno. Por su parte, José Manuel Delgado Taboada revela un alarmante vacío sistémico tras analizar los 36 planes de gobierno para las elecciones 2026: el talento brilla por su ausencia. Nos advierte que hemos diseñado un sistema enfocado en garantizar los mínimos, pero incapaz de identificar y desafiar el alto potencial en las aulas.
Al enfocar la mirada en los estudiantes, Darío Ugarte Pareja nos recuerda la inmensa deuda del Estado con nuestros adolescentes. Transformar verdaderamente la secundaria exige dejar de concebirla como una mera correa de transmisión disciplinar o un trámite hacia la adultez, para convertirla en un espacio donde el adolescente sea protagonista, desarrolle su agencia y construya su proyecto de vida.
En el corazón de la práctica pedagógica, abordamos la tensión entre el discurso de las competencias y las rutinas impuestas. En «Sesiones de aprendizaje: La sorda persistencia del conductismo», Luis Guerrero Ortiz desnuda la paradoja de exigir a los docentes que formen estudiantes críticos mientras se les imponen formatos de planificación lineales y mecánicos —herederos de la instrucción programada de Skinner— que fuerzan a obedecer en lugar de invitar a pensar mediante la indagación y la lógica inductiva.
Este cambio de paradigma requiere transformar cómo preparamos y acompañamos a los maestros. Rossana Zurita Silva comparte el inmenso valor de la «formación situada», una inmersión en contextos escolares reales que permite a las futuras maestras deconstruir sus creencias arraigadas sobre la niñez y acortar la brecha entre la teoría pedagógica y la complejidad del aula. Complementando esta visión, Federico Malpica denuncia la hipocresía de exigir autonomía profesional operando desde el control burocrático. Nos demuestra que la formación docente suele fracasar porque carece de una infraestructura de acompañamiento continuo en la escuela, recordando que la calidad profesional se construye desde la confianza y el juicio reflexivo, no desde la obediencia.
Finalmente, abordamos el desafío ineludible de nuestro tiempo: el impacto tecnológico. Pedro Ravela nos invita a ver que el verdadero problema de la Inteligencia Artificial no es tecnológico, sino pedagógico. Si los estudiantes usan la IA para evadir tareas, es síntoma de un aprendizaje superficial carente de significado. La solución no es prohibir, sino transitar hacia un aprendizaje profundo que despierte el deseo genuino e intrínseco por aprender. En esa misma línea, Paul Barr Rosso nos plantea que, en medio de este “present shock”, la Inteligencia Artificial representa una oportunidad sin precedentes para la innovación, siempre y cuando nos demos el tiempo para la reflexión ética, recordando que la tecnología no es neutral y depende de las intenciones humanas que la guían.
Los invitamos a sumergirse en estas lecturas y a seguir imaginando juntos una educación que libere, en lugar de uniformizar.
Lima, mayo de 2026
Comité Editorial

