Edición 105

Creer para enseñar: cómo las creencias docentes transforman las aulas peruanas

En la escuela enseñamos mucho más de lo que planificamos. Cada gesto, cada pregunta, cada silencio refleja lo que creemos sobre la enseñanza, el aprendizaje y nuestros estudiantes. Por eso, entender las creencias y mentalidades docentes es fundamental para comprender por qué algunas prácticas florecen y otras no, incluso cuando los recursos o las condiciones son similares.

Las creencias: el punto de partida invisible

Desde hace más de tres décadas, autores como Pajares (1992) y Richardson (1996) han demostrado que las creencias docentes funcionan como filtros cognitivos: orientan cómo interpretamos el conocimiento pedagógico y cómo decidimos actuar. Estas creencias, muchas veces inconscientes, determinan si un maestro adopta, adapta o rechaza una metodología.

Por eso, como advierte Calderhead (1996), no basta con enseñar técnicas si no ayudamos al docente a reflexionar sobre sus teorías implícitas. Cambiar la práctica sin transformar la creencia es como pintar una pared húmeda: el cambio no dura.

Aquí también cobra fuerza la mirada de Carol Dweck (2006) sobre las mentalidades fija y de crecimiento. Un docente con mentalidad fija puede creer que algunos estudiantes “no son buenos para aprender”, mientras que uno con mentalidad de crecimiento entiende que todos pueden mejorar con esfuerzo, práctica y acompañamiento. Esta creencia cambia la relación con los estudiantes y, sobre todo, las oportunidades que se les brinda.

Evidencia internacional y regional

Esta idea no es solo teórica. En Teach Like a Champion, Doug Lemov (2021) estudió miles de aulas para identificar qué hacen los docentes más eficaces. Encontró que detrás de cada técnica exitosa —como No Opt Out o Right is Right— hay una creencia profunda: que todos los estudiantes pueden pensar, participar y alcanzar altos estándares.

Del mismo modo, el Laboratorio SUMMA del BID realizaron en 2024 una investigación regional para identificar prácticas pedagógicas de bajo costo y alto impacto en América Latina. Los hallazgos muestran que las prácticas más efectivas están relacionadas con promover un buen clima de aula, fomentar el diálogo, el trabajo en equipo y la autorregulación, además de integrar el desarrollo socioemocional —la empatía, la autoconfianza y la colaboración— como parte esencial del aprendizaje.
En síntesis: enseñar bien no depende solo de recursos, sino de convicciones sobre lo que cada estudiante puede llegar a ser.

La evidencia peruana: avances y desafíos

En el Perú, ocho años después de implementarse el Currículo Nacional bajo el enfoque por competencias, el reporte de resultados de Monitoreo de Prácticas Escolares 2024 analizó las prácticas de más de 11,000 maestros de distintos niveles educativos. El estudio revela avances en la gestión del tiempo (el 94.5% es efectivo y altamente efectivo), la secuencia pedagógica (45% efectivo) y la construcción de un clima de aula positivo (56%): las maestras y maestros peruanos saben organizar, respetar y cuidar a sus estudiantes.

Sin embargo, el estudio evidencia desafíos en aprendizaje constructivo, pensamiento crítico (0.1% de docentes reta académicamente), involucramiento de estudiantes (solo el 0.3% promueve de manera efectiva la participación activa en sus estudiantes) y monitoreo y evaluación. Estos son resultados poco alentadores e incluso alarmantes. La realidad es que en muchas aulas, el docente asume un rol de facilitador más que de mediador del pensamiento, lo que limita la participación activa del estudiante y la profundidad del aprendizaje. Además, la retroalimentación —clave para aprender— sigue siendo escasa.
Estos hallazgos confirman que la transformación pedagógica no depende solo de nuevas estrategias, sino de una revisión profunda de las creencias sobre qué significa enseñar y aprender.

La experiencia de ¡Qué Maestro!: aprender a creer de nuevo

Desde 2018, el programa ¡Qué Maestro!, impulsado por Enseña Perú, trabaja precisamente en ese terreno: el de las creencias y mentalidades docentes. Nació con la intención de poner al centro al maestro, activar su vocación y fortalecer su liderazgo desde adentro.

A lo largo del año, los docentes participantes viven un proceso de formación y acompañamiento donde el objetivo no es solo aprender técnicas, sino verse a sí mismos como aprendices permanentes. Esta idea, sencilla pero poderosa, cambia su relación con la enseñanza: quien se reconoce como aprendiz, enseña con humildad, curiosidad y apertura.

El programa también promueve una mentalidad de crecimiento que se traduce en altas expectativas: creer que sus estudiantes son capaces de aprender y liderar hoy, no solo en el futuro.
Por eso, uno de los cambios más significativos que hemos observado es cómo los docentes comienzan a escuchar activamente la voz de sus estudiantes, a través de entrevistas, grupos focales o asambleas. Muchos elaboran mapas de empatía para conocer sus intereses y desafíos, tanto académicos como socioemocionales. Desde esa comprensión, diseñan estrategias más intencionadas y contextualizadas, combinando la reflexión cualitativa con la revisión de datos de aprendizaje. Este proceso permite que la innovación no sea solo un acto creativo, sino una práctica constante de diagnóstico, acción y ajuste.

A lo largo de estos años, hemos visto que trabajar estas mentalidades de crecimiento, liderazgo y reflexión genera transformaciones sostenibles. Sin embargo, también hemos aprendido que el cambio profundo requiere tiempo. Probablemente, los programas de formación deberían durar al menos dos años para que prácticas como el pensamiento crítico o el rigor académico se consoliden en los docentes.

Creer, reflexionar, transformar

Hoy, la evidencia internacional, regional y nacional converge en una misma verdad: las creencias y mentalidades de los docentes son el punto de partida del cambio educativo.
En un país diverso como el Perú, donde enseñar muchas veces implica vencer la adversidad, creer en el potencial de cada estudiante es un acto pedagógico y también político.

Por eso, más allá de nuevas metodologías o modas educativas, el gran reto es este: mirar hacia adentro, revisar lo que creemos sobre nosotros y nuestros estudiantes.
Solo así podremos construir escuelas donde enseñar sea también creer, reflexionar y transformar.

 

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Vanessa Villavicencio
Coordinadora Senior de Programas en Enseña Perú. Acompaña a un equipo de coordinadores en el desarrollo de competencias de las y los participantes del Programa de Liderazgo y ¡Qué Maestro! Tiene formación en Enfoque Basado en Competencias, Coaching, Diversidad, equidad e inclusión, así como en Liderazgo Adaptativo.