Editorial
La educación no ocurre en un vacío intemporal. Se despliega siempre en determinados escenarios y circunstancias históricas, donde existen tensiones sociales, desafíos emocionales y, ahora más que nunca, la urgencia de formar ciudadanos capaces de sostener nuestra democracia. En esta edición 106 de Educacción, reunimos seis voces que nos invitan a mirar más allá de la superficie y a cuestionar las prácticas que hemos normalizado en las aulas.
En la apertura, Patricia Andrade nos sitúa en el centro de la tormenta con «El currículo en disputa». Su artículo es una advertencia necesaria: el currículo nacional no es solo un documento técnico, sino un campo de batalla donde se define el tipo de sociedad que queremos ser. Su valor reside en recordarnos que defender el currículo es, en última instancia, defender el derecho de nuestros estudiantes a una educación con sentido.
Para aterrizar en la práctica cotidiana, Luis Guerrero Ortiz nos ofrece una brújula en «Evaluación diagnóstica: mitos y realidades». Este texto es indispensable para desmantelar la idea de que el diagnóstico inicial es un trámite administrativo. Guerrero nos propone verlo como un puente genuino hacia el aprendizaje real, liberando al docente de la presión de los «reportes rápidos obligatorios» para centrarse en lo que se necesita hacer con seriedad para identificar lo que cada estudiante necesita.
La dimensión humana cobra un matiz profundo con Jose Manuel Delgado Taboada, quien en «Perfeccionismo y autoexigencia en estudiantes con altas capacidades» nos revela una verdad incómoda: a veces, el talento duele. Este artículo destaca la urgencia de acompañar emocionalmente a aquellos estudiantes que, bajo la máscara de la brillantez, sufren una presión invisible que puede apagar su potencial.
Mirando hacia la convivencia pública, Lilia Calmet Bohme nos desafía en «No solo buenas personas: necesitamos ciudadanos deliberantes». Calmet sostiene que ser «amable» no es suficiente para la democracia; necesitamos que la escuela enseñe a disentir con argumentos y a construir consensos. Es un llamado a pasar de una educación cívica pasiva a una participación activa y crítica.
Complementando esta visión, Román Aller Zárate explora en «El algoritmo ciudadano» cómo la ciudadanía se ejerce en cada gesto cotidiano y en cada interacción digital. Su texto es una invitación a reflexionar sobre cómo educamos el criterio en un mundo hiperconectado, transformando la protesta en propuesta y la apatía en compromiso.
Finalmente, Pedro Ravela cierra esta edición con una precisión conceptual necesaria en «Sobre los conceptos de retroalimentación y devolución en la evaluación». Ravela nos enseña que las palabras que usamos para corregir tienen el poder de abrir o cerrar puertas. Al distinguir entre «devolver» información descriptiva y simplemente «calificar», nos brinda la llave para que la evaluación sea, por fin, una herramienta de crecimiento y no de juicio.
Esta edición es un mapa para navegar en las complejidades de la situación actual de nuestra educación. Los invitamos a sumergirse en estas lecturas y a encontrar en ellas la inspiración para seguir transformando la escuela desde la reflexión y el compromiso activo con nuestros estudiantes.
Lima, marzo de 2026
Comité Editorial

