Salir de la inercia, afrontar los desafíos

Editorial

Nuestra educación no puede darse el lujo de permanecer estática, limitada a responder urgencias o a contener presiones movidas por intereses. En esta nos adentramos en el corazón de varios desafíos desatendidos, postergados o insuficientemente abordados, compartiendo un conjunto de reflexiones críticas que nos invitan a repensar las estructuras, los métodos y el propósito mismo de la labor educativa en el Perú de ahora. Aquí exploramos las piezas faltantes de nuestro sistema, las nuevas formas de concebir el conocimiento, el bienestar de quienes enseñan, la esencia de la evaluación y el estado de nuestra ciencia.

Iniciamos este recorrido con el análisis de Roberto Barrientos sobre «El nivel intermedio: La pieza faltante de la reforma educativa». Barrientos nos confronta con una realidad ineludible: la necesidad de una gestión educativa descentralizada y eficaz, que articule las políticas nacionales con las necesidades locales. Su artículo es una llamada de atención sobre la importancia de fortalecer las instancias intermedias como las UGEL, para que las reformas no se queden en el papel y lleguen a transformar verdaderamente la experiencia en el aula.

A continuación, Luis Guerrero nos proyecta hacia el futuro con su artículo «Aprender el conocimiento en el siglo XXI». En una era de sobreabundancia de información, Guerrero nos recuerda el desafío del que han sido portadoras las reformas curriculares de este siglo: ir más allá de la simple memorización de datos y avanzar de manera genuina hacia una pedagogía que cultive el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de discernir. Estas habilidades, indispensables para que los estudiantes dejen de consumir información de forma irreflexiva y tengan la oportunidad de comprenderla, cuestionarla y utilizarla para construir nuevo conocimiento, aún no se observa en las aulas.

Desde una perspectiva más íntima pero igualmente crucial, Ivonne Rossel nos conmueve con «Lo que el aula no ve: heridas personales en cuerpos que enseñan». Rossel pone el foco en el bienestar emocional de los docentes, un pilar fundamental del sistema educativo que a menudo se malentiende o se pasa por alto. Su texto nos recuerda que detrás de cada educador hay un ser humano con sus propias luchas y que cuidar de quienes cuidan a nuestros hijos es una condición indispensable para una educación de calidad.

En el ámbito de la evaluación, Pedro Ravela nos ofrece una distinción conceptual clave en «Sobre los conceptos de retroalimentación y devolución en la evaluación formativa». Ravela desentraña dos términos que a menudo se usan como sinónimos, pero que encierran enfoques pedagógicos distintos. Su análisis nos brinda herramientas para transformar nuestras prácticas evaluativas, a fin de que la evaluación sea una verdadera instancia de aprendizaje, no simples ni apresurados juicios de valor.

Finalmente, Iván Montes nos invita a una reflexión crítica sobre el estado de la investigación en nuestro país con «La ciencia en el Perú: cuando el publicar más no es necesariamente sinónimo de mejor». Montes cuestiona la métrica del éxito académico basada en la cantidad de publicaciones, abogando por una ciencia que priorice la calidad, el impacto y la relevancia social por encima de la productividad a toda costa.

Esta edición es una invitación a la reflexión y al debate. Cada artículo, desde distintos ángulos, nos interpela y nos moviliza a ser agentes de cambio. Esperamos que la lectura de estos textos nos inspire a seguir construyendo, contra viento y marea, una educación más pertinente a los complejos escenarios en los deben moverse los estudiantes de hoy.

Comité Editorial
Lima, 18 de julio de 2025