Durante décadas, el sistema educativo —en el Perú y en buena parte de América Latina— ha sostenido una premisa tan extendida como equivocada: que los niños, niñas y adolescentes con altas capacidades “están bien” y que, por tanto, no requieren apoyos específicos. Desde esta lógica, se ha asumido que el talento intelectual basta para garantizar adaptación escolar, bienestar emocional y éxito académico. Sin embargo, la evidencia científica y la experiencia educativa muestran exactamente lo contrario.
Las altas capacidades no constituyen un factor de protección automática frente al malestar psicológico. Cuando no son reconocidas ni acompañadas adecuadamente, pueden convertirse en un factor de riesgo para la salud mental, especialmente en contextos escolares rígidos, homogéneos y poco sensibles a la diversidad cognitiva.
Esta es una deuda silenciosa del sistema educativo: una problemática poco visible, escasamente investigada a nivel nacional y prácticamente ausente de las políticas públicas.
Altas capacidades y vulnerabilidad psicológica: una relación ignorada
Diversas investigaciones internacionales han demostrado que los estudiantes con altas capacidades , como parte de su natural asincronía del desarrollo, presentan mayores niveles de ansiedad, estrés crónico, síntomas depresivos e ideación suicida en comparación con sus pares neurotípicos, particularmente cuando crecen en entornos que no reconocen ni atienden sus necesidades educativas y socioemocionales específicas (Neihart et al., 2016; Cross & Cross, 2015).
Contrario al estereotipo del “niño brillante y feliz”, muchos estudiantes con altas capacidades experimentan desde edades tempranas una profunda sensación de desajuste: se aburren con facilidad, cuestionan normas, detectan inconsistencias en el discurso adulto y muestran una sensibilidad emocional intensa. Estas características, lejos de ser comprendidas como manifestaciones propias de su desarrollo, suelen ser etiquetadas como problemas conductuales, falta de disciplina o inmadurez emocional.
En el contexto peruano, esta incomprensión se traduce en sanciones, llamados de atención constantes, derivaciones tardías al servicio psicológico o, en el peor de los casos, en la indiferencia institucional. El mensaje implícito que reciben estos estudiantes es claro: pensar diferente tiene un costo emocional.
La asincronía del desarrollo: pensar como adulto, sentir como niño
Uno de los conceptos clave para comprender la salud mental en las altas capacidades es la asincronía del desarrollo. Muchos niños y adolescentes con altas capacidades presentan un desarrollo cognitivo avanzado, pero un desarrollo emocional acorde a su edad cronológica, y en algunos casos, inclusive menor. Esta brecha genera una tensión interna significativa.
Un niño de ocho años puede reflexionar sobre la muerte, la injusticia social o el sentido de la vida con una profundidad inusual, pero carecer aún de las herramientas emocionales para procesar estas ideas. Dabrowski (1972) describió este fenómeno a través de las sobreexcitabilidades, particularmente la emocional e intelectual, que intensifican la vivencia interna del mundo.
Cuando estas experiencias no son acompañadas por adultos formados, el estudiante queda solo frente a emociones complejas que no sabe regular. Ahí es cuando la escuela falla estructuralmente: en lugar de convertirse en un espacio de contención, suele reforzar la exigencia de rendimiento y adaptación, profundizando el malestar.
Escuela, normalización y daño psicológico
El sistema educativo peruano sigue operando, en gran medida, bajo un modelo de normalización: un currículo estandarizado, ritmos homogéneos y evaluaciones centradas en la repetición y la conformidad. En este marco, los estudiantes con altas capacidades enfrentan una disyuntiva temprana: adaptarse invisibilizando su talento o resistir pagando un alto costo emocional.
Muchos optan por el camuflaje: bajan su rendimiento, evitan participar, esconden su curiosidad para no ser señalados. Otros adoptan conductas desafiantes, que los colocan en permanente conflicto con la autoridad escolar. En ambos casos, se erosiona progresivamente la autoestima, la motivación intrínseca y el sentido de pertenencia.
La literatura señala que este proceso puede derivar, a mediano plazo, en abandono escolar, fracaso académico paradójico, ansiedad severa y depresión (Pfeiffer, 2015; Reis & Renzulli, 2010). El talento, lejos de florecer, se convierte en una carga.
Salud mental y altas capacidades: una prevención que no existe
En el Perú, la salud mental escolar continúa abordándose de manera reactiva, focalizada en casos extremos o ya problematizados. Los servicios psicológicos en las instituciones educativas son insuficientes, están sobrecargados y, en la mayoría de los casos, no cuentan con formación específica en altas capacidades.
La normativa reconoce la atención a la diversidad, pero en la práctica no existe una estrategia preventiva en salud mental para estudiantes con altas capacidades. No se les identifica tempranamente, no se les acompaña emocionalmente y no se forman a los docentes para comprender sus particularidades.
Esta ausencia de prevención tiene consecuencias graves. Cuando la intervención llega — si llega— el daño emocional suele estar ya instalado: por un lado, baja autoestima, ansiedad crónica, desmotivación profunda o rechazo total a la experiencia escolar; por otro, falta de métodos académicos, disciplina y procrastinación.
Atender la salud mental de estos estudiantes no implica patologizarlos. Implica, por el contrario, reconocer que tienen necesidades socioemocionales específicas, derivadas de su forma particular de procesar el mundo.
PANETS: Programas especializados como factores protectores
La experiencia de programas especializados como los PANETS (Programas de Atención No Escolarizada al Talento y Superdotación)y el histórico PAENFTS Lima, fundado en 1987, demuestra que, cuando los estudiantes con altas capacidades acceden a espacios donde pueden pensar, crear y relacionarse con pares intelectuales, su bienestar emocional mejora de manera significativa.
Estos programas no solo desarrollan capacidades cognitivas; cumplen una función crucial de contención emocional y construcción identitaria. Permiten que los estudiantes se reconozcan, se validen y desarrollen habilidades de autorregulación emocional en entornos seguros.
Desde una perspectiva de salud mental, los PANETS funcionan como dispositivos preventivos comunitarios, reduciendo riesgos asociados a la deserción, la ansiedad y la frustración crónica. Reducirlos a simples espacios de enriquecimiento académico es desconocer su impacto real.
Una deuda ética, educativa y política
Ignorar la salud mental de los estudiantes con altas capacidades constituye una forma de exclusión silenciosa. Es permitir que el sistema siga perdiendo talento no por falta de capacidad, sino por agotamiento emocional, sufrimiento psicológico y abandono.
Atender esta problemática no es un privilegio para pocos. Es una cuestión de justicia educativa, prevención en salud mental y desarrollo humano sostenible. Un país que descuida emocionalmente a quienes más pueden aportar está hipotecando su futuro.
Reconocer esta deuda es el primer paso. Saldarla exige decisiones políticas, formación docente especializada, fortalecimiento de los servicios psicológicos escolares y la expansión de programas especializados como los PANETS a nivel local, provincial y regional.
Cuidar la salud mental de los estudiantes con altas capacidades no es un gesto asistencialista. Es una inversión ética y estratégica en el desarrollo del país.
Lima, 16 de diciembre de 2025
Referencias
Cross, J. R., & Cross, T. L. (2015). Clinical and mental health issues in giftedness. Gifted Child Today, 38(4), 194–201. https://doi.org/10.1177/1076217515597273
Dabrowski, K. (1972). Psychoneurosis is not an illness. London: Gryf Publications.
Neihart, M., Pfeiffer, S., & Cross, T. (2016). The social and emotional development of gifted children.
Pfeiffer, S. I. (2015). Essentials of gifted assessment.
Reis, S. M., & Renzulli, J. S. (2010). Is there still a need for gifted education? Gifted Child Quarterly, 54(3), 211–221. https://doi.org/10.1177/0016986210369422
Renzulli, J. S., & Gaesser, A. H. (2015). A multi-criteria system for the identification of high ability students. Gifted Education International, 31(1), 3–21. https://doi.org/10.1177/0261429413511881

