Recibir mensajes de agradecimiento de estudiantes es más que una satisfacción: es una invitación profunda a reflexionar sobre tres dimensiones clave que atraviesan nuestra vocación.
1. Escucha activa y responsabilidad docente
Los estudiantes se expresan cuando sienten que somos capaces de escuchar. Pero., ¿lo estamos haciendo de verdad? ¿Entendemos sus voces y respondemos a sus demandas? Estas preguntas nos llevan a revisar cómo entendemos nuestra responsabilidad docente: ¿una carga o una oportunidad para innovar y transformar?
Reflexionar sobre nuestra práctica pedagógica, sobre los recursos y el acompañamiento que recibimos, resulta esencial para afianzar una educación atenta, consciente y contextualizada. En este sentido, detenernos a pensar en cuán disponibles estamos para esa escucha y atención consciente, además de considerar aquello que nos impide esa disponibilidad, se convierte en algo trascendental.
Responder a la responsabilidad que implica educar, como lo señala Freire (1994), exige respeto, seguridad, capacidad profesional y generosidad. Pero., ¿qué pasa con los docentes cuando olvidan aspectos tan humanos como estos? ¿Es acaso esa falta de disponibilidad lo que nos detiene o nos aleja de ese camino?
Ladson-Billings (1995), por su parte, también nos presenta un enfoque pedagógico que reconoce la identidad cultural y empodera al estudiantado como sujeto activo en su aprendizaje y transformación social. Nos invita a regresar a los espacios comunitarios a través de la escucha y el reconocimiento del estudiantado como sujetos activos, no pasivos que tienen mucho por compartir y brindar.
Es importante señalar que todo esto también incide en la capacidad de decisión del docente. Frente a las múltiples tareas que se le exigen, no siempre se contempla la de escuchar al estudiantado de manera real, sino la de brindar resultados, lo que impide una verdadera autonomía docente. Tal como lo mencionan Kirylo y Nauman (2006), esto limita el desarrollo de su capacidad crítica, su creatividad e innovación.
2. El acompañamiento más allá del contenido
El verdadero aprendizaje no se trata solo de la transmisión de conocimientos. Desde el aula, somos modelos en la gestión emocional, el cuidado del otro y la construcción de principios éticos fundamentados en el respeto mutuo y la autenticidad. Somos referentes tanto de saber como de humanidad.
Esto no implica perfección, sino una postura docente humana, generosa y reflexiva, consciente de la necesidad de acompañar más allá de lo académico.
En ocasiones, podemos perder de vista estos aspectos por diferentes motivos. De manera crítica ya lo mencionaban Kirylo y Nauman (2006), cuando hablan de la despersonalización de la educación como consecuencia directa de una visión empresarial y tecnocrática. Por otro lado, también influye el enfoque desde el cual no se mira al estudiantado como personas con saber y conocimientos previos, sino desde la carencia. Esto puede tener consecuencias en el acompañamiento, ya que nuestra mirada parte de una lógica de poder y de una verticalidad que impide una verdadera cercanía con lo que necesitan nuestros estudiantes.
De esta manera, comprendemos que, como docentes, nuestra tarea no es llenar recipientes, sino encender chispas, como lo mencionaba Ladson-Billings. Para ello, necesitamos reflexión y construcción colectiva.
En esa construcción de lo común, nos acercamos más a lo humano. La construcción de lo común parte del respeto por lo individual, por el contexto, por lo realmente significativo para el estudiantado. Y, quizás en ese sentido, debamos preguntarnos nuevamente: ¿cómo acompañar más allá del contenido?
3. La educación que necesita el mundo actual
Otra de las dimensiones se encuentra vinculada con los cuatro pilares propuestos por Jacques Delors en 1996: aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos y a ser. Estos siguen siendo vigentes como fundamentos para una educación humanizadora, integral y comunitaria. Estos ejes no solo fomentan habilidades que van más allá del tecnicismo, sino también valores esenciales para una convivencia ética y crítica.
La sociedad actual demanda una educación que recupere la dimensión social, relacional y transformadora, más allá del enfoque utilitarista o meramente instrumental.
Paulo Freire, a través de sus escritos, denunció el modelo educativo “bancario”, que deposita conocimiento sin intercambiar voces. En su lugar, propuso una educación dialógica, donde estudiantes y docentes construimos saberes juntos. El diálogo educativo multiplica la conciencia crítica y potencia la transformación social: “La educación que no libera convierte al oprimido en opresor”, nos decía.
Este llamado a la práctica reflexiva y colaborativa sigue desafiando nuestra mirada sobre la pedagogía, porque nos invita a pensarnos y a repensar nuestra labor docente.
Los mensajes de agradecimiento que recibimos revelan una necesidad latente: nuestros estudiantes piden mayor presencia, escucha y cuidado. En un mundo acelerado y fragmentado, los entornos educativos deben convertirse en refugios seguros frente a la incertidumbre y el desgaste social.
Para ello, es fundamental asumir con responsabilidad consciente el compromiso docente, desarrollando prácticas que integren conocimiento técnico, valores humanísticos y espacios de acompañamiento situados en lo colectivo.
En conclusión, los mensajes de gratitud de los estudiantes no solo emocionan: desafían a repensar la labor docente. Pueden convertirse, así, en una motivación para asumir una docencia que escucha, acompaña y humaniza.
Educar es cuidar y transformar. Gracias a esos encuentros con nuestros estudiantes, que activan reflexión y acción. Es fundamental comprometernos a seguir construyendo desde este horizonte: uno donde la educación sea un acto de escucha profunda, acompañamiento constante y transformación compartida.
Lima, setiembre de 2025
Referencias bibliográficas
Delors, J. (Coord.). (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Kirylo, J. D. & Nauman, A. K. (2006). The Depersonalization of Education and the Language of Accountability: A View from a Local Newspaper. Journal of Curriculum and Pedagogy, 3(1), 187‑206
Ladson‑Billings, G. (1995). Toward a theory of culturally relevant pedagogy. American Educational Research Journal, 32(3), 465–491. https://doi.org/10.3102/00028312032003465

