Edición 107

¿Cuántas evaluaciones necesita un sistema para aprender de ellas?

A medida que los estudiantes avanzan de grado, el porcentaje que alcanza el nivel Satisfactorio disminuye

Los resultados de la última evaluación nacional (ENLA 2025) confirman lo que ya es una constante: en ninguna evaluación ni competencia, desde 4.° grado de primaria hasta 5.° de secundaria, los estudiantes alcanzan siquiera el 50% en el nivel Satisfactorio, definido por el propio sistema educativo como el nivel mínimo esperado http://umc.minedu.gob.pe/resultadosenla2025/.

Los resultados también revelan —como lo han hecho todas las evaluaciones nacionales desde hace años— que los estudiantes de escuelas privadas, de zonas urbanas o de familias con mayor nivel socioeconómico obtienen mejores resultados que quienes provienen de escuelas públicas, áreas rurales o contextos de mayor vulnerabilidad económica. Del mismo modo, los estudiantes varones superan a las mujeres en la mayoría de competencias, con dos excepciones: en Lectura, donde la diferencia no siempre es estadísticamente significativa, y en Ciudadanía en 5.° de secundaria, donde las mujeres obtienen un 13,9% frente al 10,2% de los hombres.

En cuanto a las regiones, el panorama tampoco varía: Tacna, Moquegua y Arequipa se mantienen en los primeros lugares, mientras que Loreto, Madre de Dios, San Martín, Ucayali y Tumbes continúan en los últimos, en todas las competencias evaluadas.

Cabe destacar, sin embargo, algunos avances puntuales. Las regiones con resultados más bajos —Loreto, Ucayali, Tumbes y San Martín— registraron ligeras mejoras en la medida promedio de Lectura en 4.° grado, y también en Matemática del mismo grado (con excepción de Loreto). Áncash fue la sorpresa del ciclo: subió 14 puntos en Matemática. En Lectura de 2.° de secundaria, solo Tacna retrocedió, con una caída de aproximadamente 9 puntos; y en Matemática, Piura subió 8 puntos.

***

La ENLA 2025 aplicó dieciocho pruebas de forma simultánea a nivel nacional. El sistema no descansa: lejos de evaluar cada cierto tiempo —lo que permitiría ciclos de mejora más reflexivos—, lo hace de manera anual. Como era previsible, los resultados muestran variaciones ligeras, quizás no tan significativas como para orientar políticas educativas de mediano y largo plazo. Más aún, la aplicación reiterada de estas evaluaciones de sistema puede generar un efecto de saturación o «anestesia institucional», en el que las evaluaciones se vuelven tan rutinarias que pierden su capacidad de movilizar al sistema.

Un ejemplo podría ilustrar este punto: en 4.° grado de primaria, las evaluaciones nacionales de Lectura y Matemática se aplican de forma ininterrumpida desde 2016, salvo en 2017 (por la huelga docente) y en 2020 y 2021 (por la pandemia). En esos diez años, los resultados en Lectura se han movido apenas unos 10 puntos. El puntaje más bajo se registró justo después de la pandemia (478 puntos) y el más alto, justo antes (489 puntos); desde 2024, se ha retornado a los 490 puntos. En términos porcentuales, la proporción de estudiantes en el nivel Satisfactorio ha oscilado entre el 30% y el 35% a lo largo de esa década.

Las razones detrás de estas variaciones —por qué suben o bajan los puntajes de un año a otro— siguen siendo, en gran medida, un misterio. O, al menos, no son de conocimiento público. Los análisis explicativos suelen provenir generalmente de expertos externos al Ministerio de Educación; el propio Minedu no ofrece, hasta ahora, una interpretación oficial y transparente de estos movimientos.

***

En 4.° grado de primaria, Matemática presenta un comportamiento similar al de Lectura, aunque con oscilaciones algo más pronunciadas a lo largo de la década. La recuperación postpandemia, sin embargo, es notablemente más lenta. Recuperar el pico histórico de 2019 —489 puntos— sigue siendo una meta esquiva: desde la pandemia, el puntaje se ha estabilizado en torno a los 474 puntos, una brecha de 15 puntos que no logra cerrarse.

Una hipótesis plausible para explicar esta asimetría entre Lectura y Matemática tiene que ver con los contextos de práctica. Las habilidades lectoras, aunque se desarrollan principalmente en la escuela, tienen continuidad fuera de ella: leemos señales, mensajes, noticias, instrucciones, narraciones en diversos formatos. La exposición al lenguaje escrito es casi inevitable en la vida cotidiana. Las habilidades matemáticas, en cambio, parecen restringirse en mayor medida al espacio escolar. Si bien fuera de la escuela se realizan operaciones básicas —dar vuelto, calcular precios, contar objetos—, estas situaciones raramente exigen el tipo de razonamiento abstracto que la escuela debe desarrollar: comparar magnitudes, operar con fracciones, interpretar datos en distintas representaciones. Ese nivel de abstracción numérica parece requerir una mediación pedagógica sostenida y especializada que difícilmente ocurre fuera del aula.

En todo caso, si los resultados de una década se mueven apenas unos pocos puntos, cabe preguntarse si la aplicación anual agrega valor informativo real al sistema. Evaluaciones trienales —2016, 2019, 2022, 2025— habrían capturado esencialmente la misma tendencia, con un costo institucional significativamente menor y, quizás, con mayor capacidad de generar ciclos de mejora entre medición y medición, y sobre todo, hacer explicito el uso de las evidencias y qué se hizo en ese tramo.

***

En 2º de secundaria, las evaluaciones de Lectura y Matemática tienen una trayectoria que se remonta a 2015, lo que permite una mirada longitudinal más completa, aunque interrumpida en el 2023.

En Lectura, el punto de partida fue un 14,7% de estudiantes en el nivel Satisfactorio. El mejor registro histórico se alcanzó en 2022, con un 19,1%, en el período inmediatamente posterior a la pandemia —lo que podría asociarse a esfuerzos compensatorios o a cambios en la composición de la muestra evaluada. A partir de 2023, los datos no son comparables con los años anteriores por ajustes metodológicos; en ese nuevo marco, 2023 y 2025 comparten el mismo porcentaje: 18,5%.

En Matemática, el 9,5% de estudiantes alcanzó el nivel Satisfactorio en 2015. El pico histórico se registró en 2019, con un 17,7%. Sin embargo, en la serie comparable más reciente (2023-2025), los resultados muestran muy poca variación: 11,3% y 12,7%, respectivamente, lo que sugiere un estancamiento preocupante, más de cinco puntos por debajo del máximo alcanzado antes de la pandemia.

En Ciencia y Tecnología, evaluada desde 2018, el punto de partida fue un 8,5% en el nivel Satisfactorio. En 2022 se produjo un incremento a 12,0%, y la última medición disponible —2025, no comparable con las anteriores— registra un 13,5%. Si bien la tendencia parece positiva, la base es tan baja que cualquier lectura optimista debe hacerse con cautela.

Luego de dos décadas sin evaluación en 5.° de secundaria, la ENLA 2025 incluyó a los estudiantes de este grado en Lectura, Matemática, Ciencia y Tecnología, y Ciudadanía. Los resultados al término de la educación básica regular son los siguientes: 11,3% en el nivel Satisfactorio en Lectura; 12,8% en Matemática; 8,3% en Ciencia y Tecnología; y 12,0% en Ciudadanía. Dicho de otro modo, aproximadamente 9 de cada 10 estudiantes egresan sin haber alcanzado el nivel mínimo esperado en ninguna de las competencias evaluadas.

***

Tanto en Lectura como en Matemática, los datos muestran una tendencia consistente: a medida que los estudiantes avanzan de grado, el porcentaje que alcanza el nivel Satisfactorio disminuye. Este patrón admite múltiples lecturas.

Una interpretación pesimista —y políticamente resonante— sería que más años de escuela producen menos aprendizajes, o que los estudiantes «pierden» habilidades en el camino. Una lectura más sistémica señalaría que las deficiencias acumuladas en los primeros grados se van complejizando y amplificando hasta colapsar al final de la escolaridad básica: sin cimientos sólidos, cada nivel exige más de lo que el estudiante puede sostener.

Pero existe también otro tipo de  explicación que quizás merezca considerarse: las pruebas de los grados superiores son, por diseño, más exigentes. La mayor demanda cognitiva implica que la misma competencia —leer críticamente, razonar matemáticamente— se evalúa en un nivel de complejidad significativamente más alto. Desde esta perspectiva, los porcentajes decrecientes no necesariamente indican que los estudiantes saben menos, sino que el umbral de lo que se considera «suficiente» se eleva con cada grado.

Esta tensión entre interpretaciones —¿déficit acumulado o mayor exigencia?— es precisamente el tipo de pregunta que el sistema educativo debería responder con análisis públicos, transparentes y rigurosos. Hasta ahora, esa discusión sigue siendo, en gran medida, una deuda pendiente.

Lima, mayo de 2026

 

Foto del avatar
Fernando Llanos Masciotti
Consultor independiente en la didáctica de lectura, escritura y evaluación en la educación básica regular y educación superior. Ha sido especialista de Evaluación del área de Comunicación y Coordinador de Evaluación en Educación Intercultural Bilingüe (EIB) de la UMC en el Ministerio de Educación. Fue profesor del área de Comunicación en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y es docente de Posgrado de la enseñanza de lectura y escritura en la Universidad Peruana Cayetano Heredia.