Queridos amigos:
Hace veintitrés años entregamos al Gobierno del Perú el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Dos años después, un día como hoy, se inauguró el Ojo que Llora, el monumento que concibió y erigió Lika Mutal y en torno al cual volvemos a reunirnos. Ambas fechas conmemoran dos trabajos complementarios.
El Informe fue un trabajo exhaustivo y riguroso: recogió testimonios, contrastó fuentes, estableció responsabilidades, dejó constancia. Estaba hecho de palabras y de papel, y a él le debemos que la historia haya podido cumplir después su tarea. Esta obra está hecha de piedra y de agua, y no demuestra nada porque no vino a demostrar. Su sentido es contemplativo y sagrado. No nos propone saber más de lo que ya sabemos, sino jamás apartar la mirada.
El Informe procuró descubrir el sentido de la catástrofe; este monumento preserva el duelo que les debemos a quienes padecieron una muerte violenta. Por eso, aquí están los nombres y no las meras cifras. La estadística es una disciplina necesaria, pero vuelve abstracto aquello que la piedra restituye a su forma verdadera: la identidad de cada vida, su condición de única, irrepetible, irrecuperable… Leer más

