Educar en tiempos de transición: entre la tentación de la hoja en blanco y la urgencia de avanzar

Editorial

Les damos la bienvenida a la edición 109 de Educacción. La reciente transición de gobierno abre, como cada ciclo político en nuestro país, un escenario marcado simultáneamente por la expectativa y la incertidumbre. La historia nos ha enseñado que las nuevas administraciones suelen traer consigo la tentación de reinventar el sistema educativo desde cero, ignorando que los verdaderos procesos pedagógicos requieren de una maduración que no sabe de calendarios electorales. En este número, abordamos los desafíos ineludibles que este nuevo escenario le plantea a la educación peruana.

Para enmarcar el debate, Román Aller Zárate delinea en «La educación que debe mirar el próximo gobierno» las prioridades estratégicas que la nueva gestión no puede evadir si aspira a consolidar una política de Estado y no un simple programa de turno. En esa misma línea de alerta, Jaime Montes lanza una consigna clara y necesaria en «No retrocedamos», advirtiendo sobre el riesgo latente de desmantelar los avances institucionales logrados y ceder ante presiones que buscan desandar el camino de la reforma.

El debate sobre qué y cómo enseñar recobra fuerza en esta coyuntura. Roger Castillo analiza en «El currículo nacional en la mira» las tensiones y los embates políticos que vuelven a acechar al currículo escolar. Sin embargo, frente a la seducción de reescribir permanentemente los documentos oficiales, Pedro Ravela aporta una dosis de crudo pragmatismo en «Cuatro argumentos en contra de las reformas curriculares». Ravela nos recuerda que el cambio genuino no se decreta en el papel; modificar el currículo una y otra vez suele ser una distracción burocrática que agota a los docentes y esquiva el problema real: transformar las prácticas cotidianas.

Aterrizando precisamente en el corazón de la escuela, en «Para mejorar los aprendizajes ¿Qué toca hacer ahora?», Luis Guerrero Ortiz nos insta a superar las inercias del sistema. La verdadera mejora pasa por dejar atrás las metodologías de transmisión pasiva y apostar decididamente por aquellas que fomentan el pensamiento crítico y la autonomía, pero eso requiere de las nuevas autoridades un apoyo efectivo al trabajo que se necesita hacer en las aulas, liberándolas del control burocrático que asfixia y hasta penaliza la innovación.

Finalmente, Vanessa Villavicencio nos recuerda en «La confianza se aprende» que ninguna política pública o estrategia pedagógica puede florecer en un terreno árido. En un país expectante ante un nuevo gobierno, la escuela debe ser el primer espacio donde se reconstruyan los vínculos, demostrando que el bienestar socioemocional y la confianza mutua son el motor indispensable para que el aprendizaje profundo sea posible.

Esperamos que estas reflexiones sirvan como brújula en esta nueva etapa del país.

¡Buena lectura!

Lima, julio de 2026