Edición 107

Elecciones 2026: todos hablan de educación, pero nadie habla del talento

En cada proceso electoral, la educación ocupa un lugar central en el discurso político. Se habla de infraestructura, de calidad docente, de innovación, de cierre de brechas. Sin embargo, hay un tema que permanece sistemáticamente ausente, incluso cuando todo parece estar siendo dicho: el talento.

Con esa inquietud, se realizó una revisión sistemática de los 36 planes de gobierno presentados por las organizaciones políticas en las elecciones generales de 2026 (el 100% de los planes registrados oficialmente ante el Jurado Nacional de Elecciones) y se centró en una pregunta concreta: ¿cómo se conceptualiza —o se omite— el talento en la política educativa peruana?

El resultado es tan claro como inquietante: ningún plan de gobierno propone una política educativa estructurada para estudiantes con altas capacidades.

Este hallazgo no es solo una impresión general. Surge de un análisis comparado que permitió organizar los planes en una tipología de enfoques sobre el talento, sistematizada en cuadros de análisis que agrupan patrones recurrentes en todo el sistema político.

Cuando el talento aparece… aparece tarde

Aunque podría pensarse que el talento está completamente ausente, el análisis del total de planes muestra algo más complejo. El término sí aparece en una proporción importante de documentos, pero su uso sigue un patrón claro.

Tal como se observa en los cuadros de clasificación elaborados, una parte significativa de los planes ubica el talento en categorías como:

  • capital humano
  • innovación
  • educación superior
  • productividad

Es decir, el talento es reconocido cuando ya es visible, cuando ya produce o cuando ya compite.

Por ejemplo, diversos planes proponen fortalecer los COAR, lo que refleja una comprensión del talento asociada al rendimiento académico. Otros lo vinculan con la formación de profesionales altamente calificados o con la retención de talento en el país. En el caso del Partido Aprista Peruano, el concepto aparece en múltiples ámbitos —tecnológico, laboral, deportivo—, pero sin una articulación educativa.

La tipología construida a partir del análisis muestra un patrón consistente: el talento se concibe como resultado del sistema, no como punto de partida.

El problema no es solo la ausencia, sino la ubicación

Uno de los aportes más relevantes del análisis —visible en los cuadros comparativos— es que el problema no es únicamente la ausencia del talento, sino su ubicación dentro del discurso político.

Los planes pueden agruparse en varias categorías: aquellos que omiten completamente el talento, aquellos que lo reducen al rendimiento, los que lo desplazan al mercado laboral y los que lo ubican en etapas tardías del sistema educativo.

En ninguna de estas categorías el talento aparece como una necesidad pedagógica en la escuela.

Se habla de talento en el mercado laboral, en la educación superior o en la innovación tecnológica, pero no en el aula.

El talento está mal ubicado en la política educativa.

Una educación pensada para el promedio

La revisión del 100% de los planes permite identificar una regularidad más profunda. Más allá de las diferencias ideológicas, todos comparten una forma similar de entender la educación.

Se prioriza el cierre de brechas, la mejora de condiciones y la estandarización del aprendizaje. Este enfoque es necesario, pero también limitado.

El sistema está diseñado para garantizar mínimos, no para desarrollar máximos.

Tal como se evidencia en la matriz de análisis, la mayoría de propuestas se orienta a elevar el piso del sistema, pero no a ampliar su techo.

Una inclusión que no alcanza

Esta lógica se hace aún más evidente al analizar el uso del concepto de inclusión en el conjunto de planes revisados. La mayoría incorpora la educación inclusiva, pero lo hace principalmente en relación con la discapacidad, la pobreza o la exclusión social.

Las altas capacidades no forman parte de esta categoría.

Se incluye la dificultad, pero no el potencial.

En la tipología construida, esto se refleja en una categoría clara: inclusión parcial, donde la diversidad es reconocida solo desde el déficit.

Lo que la evidencia ya ha demostrado

La investigación educativa es clara: las altas capacidades requieren procesos específicos de identificación y atención. El potencial no se traduce automáticamente en rendimiento. Depende de condiciones educativas adecuadas.

Cuando estas condiciones no existen, es frecuente observar fenómenos como bajo rendimiento relativo al potencial, desmotivación o desconexión escolar. En algunos casos, también aparecen dificultades socioemocionales vinculadas a la autoexigencia o al perfeccionismo.

El talento no se desarrolla solo. Se construye —o se pierde— en la escuela.

Lo que estamos perdiendo

A la luz del análisis sistemático —y de los cuadros comparativos construidos a partir de este—, la discusión deja de ser solo conceptual y se vuelve política. ¿Qué implica no tener políticas para altas capacidades? Implica que miles de estudiantes con alto potencial:

  • no son identificados
  • no son desafiados
  • no son comprendidos

Implica que el sistema educativo no solo reproduce desigualdades visibles, sino también desigualdades invisibles: aquellas que afectan a quienes podrían ir más allá del promedio, pero no encuentran condiciones para hacerlo.

El talento que no se desarrolla, se pierde.

Una ausencia estructural

El hecho de que esta omisión se repita en el 100% de los planes de gobierno —como muestran de manera consistente los cuadros de análisis— no puede entenderse como una coincidencia.

Se trata de una ausencia estructural en la política educativa peruana.

El talento no forma parte del problema… y por eso tampoco forma parte de la solución.

La pregunta incómoda

Quizá el problema no es solo técnico. Quizá es más profundo.

Tal vez no es que no veamos el talento.
Tal vez es que no sabemos qué hacer con él.

Porque reconocerlo implica aceptar que los estudiantes son distintos.
Implica diferenciar, flexibilizar, personalizar.

Y eso es mucho más complejo que construir escuelas o repartir computadoras.

 Cierre

En estas elecciones, la educación está —con razón— en el centro del debate. Pero dentro de ese debate, hay ausencias que también importan. El talento es una de ellas. Porque el Perú no es un país sin talento. Es un país que, incluso tras analizar el 100% de sus propuestas políticas y sistematizarlas en tipologías claras, sigue sin incorporarlo en su política educativa.

Durante años hemos discutido cómo hacer que todos lleguen a la meta. Pero seguimos evitando una pregunta más incómoda: ¿qué hacemos con quienes podrían llegar más lejos?

Lima, mayo de 2026

Foto del avatar
Jose Manuel Delgado Taboada
Soy Magíster en Gerencia Social con mención en Gerencia de Proyectos y Programas Sociales por la Pontificia Universidad Católica del Perú, licenciado en Psicología con mención en Psicología Social por la PUCP. Cuento también un diplomado de Experto en Altas Capacidades por la UNIR. Gracias a mi tesis en Gerencia Social, que fue un estudio de caso del Programa PAENFTS, fui consultor y luego especialista en talento y superdotación en la Dirección de Educación Básica Especial del MINEDU por año y medio, tengo 10 años de experiencia en el sector de ONG en el desarrollo e implementación de proyectos sociales, y 7 años como docente en educación superior. Actualmente soy profesor de la Carrera de Psicología en la Universidad Científica del Sur.