En los últimos 55 años, la educación secundaria en el Perú ha atravesado varios intentos de reforma que reflejan cambios en la concepción del rol de la educación secundaria dentro del sistema educativo y en la sociedad: el lugar que ocupa la adolescencia en el sistema educativo peruano.
El primer gran hito fue la reforma impulsada por el gobierno de Juan Velasco Alvarado con la Ley General de Educación de 1972, que integró la secundaria dentro de la educación básica y buscó articularla con el desarrollo social, el trabajo y la comunidad. Posteriormente, la Ley General de Educación de 1982 restableció la secundaria como un nivel diferenciado de cinco años e introdujo variantes técnico-productivas y científico-humanistas orientadas al desarrollo regional. En los años noventa, durante el gobierno de Alberto Fujimori, la agenda reformadora se desplazó hacia la mejora de la calidad mediante evaluaciones de aprendizaje, estandarización curricular y modernización administrativa, e incluyó la experiencia piloto del Bachillerato como intento de reorganizar el tramo final de la secundaria y fortalecer su articulación con la educación superior, iniciativa que no llegó a institucionalizarse tras el cambio de régimen político del año 2001.
Desde inicios del siglo XXI, la reforma del nivel secundario se ha desarrollado principalmente a través de instrumentos normativos, curriculares y de diseño e implementación de modelos de servicio. La Ley General de Educación N° 28044 (2003) redefinió la secundaria como formación integral orientada a la ciudadanía, el trabajo y la continuidad educativa; el Diseño Curricular Nacional (2005–2009) y posteriormente el Currículo Nacional de la Educación Básica (2016) consolidaron el enfoque por competencias; y la implementación de la Jornada Escolar Completa, los Colegios de Alto Rendimiento y los modelos de servicios para ámbitos rurales como la Secundaria con Alternancia, la Secundaria Tutorial y la Secundaria con Residencia abrieron el abanico de la oferta educativa para adolescentes.
Por otro lado, el documento del Consejo Nacional de Educación sobre problemas críticos de la secundaria plantea las bases para una futura reforma integral orientada a superar las brechas de aprendizaje, pertinencia y transición a la educación postsecundaria identificadas en el sistema. Por último, Marco orientador es el primer instrumento oficial del MINEDU que coloca explícitamente a las adolescencias como categoría estructurante del diseño del nivel secundario, y por eso puede considerarse una pieza conceptual central de proceso de reforma de la secundaria peruana.
Lo que es posible advertir en este recuento rápido de los intentos de reforma de la educación secundaria peruana es cómo ha ido transitando de paradigma, de uno centrado en la mejora de la provisión del servicio a uno donde las adolescencias se convierten en el núcleo para repensar, renovar y transformar la educación de adolescentes. Sin embargo, estos avances, estancamientos y retrocesos en la transformación de la educación secundaria en el Perú muestran que el sistema educativo aún no responde plenamente a las características, expectativas y potencialidades de las adolescencias y su contexto.
El Consejo Nacional de Educación (2023) advierte que la secundaria continúa organizada bajo lógicas tradicionales centradas en la transmisión disciplinar antes que, en el desarrollo integral, la autonomía y la ciudadanía activa. En la misma línea, el Marco orientador de la educación de adolescentes (MINEDU, 2022) plantea que la secundaria debe reconfigurarse como una etapa clave para la construcción de proyectos de vida, la participación social y la transición a la educación superior o al trabajo digno.
El compendio Ser adolescente en el Perú (PUCP–UNICEF) evidencia que las trayectorias juveniles están marcadas por profundas desigualdades territoriales, socioeconómicas y de género, lo que exige políticas educativas diferenciadas y pertinentes. En particular, señala que la adolescencia es un periodo decisivo para consolidar habilidades socioemocionales, identidad personal y participación ciudadana, dimensiones aun insuficientemente desarrolladas en la escuela peruana.
Transformar la educación de adolescentes implica, por tanto, redefinir el sentido mismo de la secundaria como espacio de desarrollo humano integral donde las y los adolescentes sean y se sientan protagonistas en su itinerario educativo y no solo como tránsito hacia niveles educativos posteriores o a la inserción al mundo laboral. Esta es la principal deuda del Estado peruano con la educación de las adolescencias en el país: una educación centrada en las características y potencialidades del adolescente, con procesos educativos y pedagógicos que desafíen cognitivamente al abordar los desafíos del contexto; con un clima y cultura escolar que procura bienestar y alienta la participación activa; y con una estrecha vinculación con las oportunidades de desarrollo existentes desde el entorno más cercano.
Transformación de la educación de adolescentes: motivos y condiciones
Hablar de la educación de adolescentes exige situar el análisis desde el sujeto adolescente diverso. El Marco orientador del MINEDU (2022) reconoce que esta etapa constituye una “segunda ventana de oportunidad” para el desarrollo humano, debido a la reorganización cerebral, la ampliación de la autonomía y la construcción de la identidad.
Este planteamiento coincide con evidencia internacional: la UNESCO (2021) señala que la adolescencia es una etapa crítica para consolidar competencias cognitivas superiores, habilidades socioemocionales y capacidades ciudadanas, las cuales determinan la trayectoria futura de las personas y su contribución al desarrollo social.
En el Perú, más de 2,9 millones de estudiantes se encuentran matriculados en educación secundaria (ESCALE, 2025), lo que representa cerca del 93.2% de la población adolescente en edad escolar. Sin embargo, aún persisten brechas importantes de permanencia y culminación, especialmente en zonas rurales y contextos de pobreza. Según UNICEF (2022), aproximadamente uno de cada cinco adolescentes en situación de mayor vulnerabilidad enfrenta riesgo de interrupción de su trayectoria educativa antes de concluir la secundaria.
Desde esta perspectiva, transformar la educación de adolescentes responde a tres razones principales:
- Primero, la secundaria constituye el cierre de la educación básica y el momento en que deberían consolidarse las competencias necesarias para la ciudadanía, la continuidad educativa y la inserción social.
- Segundo, existe una diversidad de trayectorias adolescentes —en secundaria regular, primaria tardía, educación básica alternativa, educación superior temprana o fuera del sistema— que exige respuestas diferenciadas del Estado.
- Tercero, la adolescencia representa una oportunidad única para fortalecer identidad, agencia y autonomía, dimensiones fundamentales para el desarrollo democrático del país.
Llevar a cabo esta transformación implica comprender que su carácter es multifactorial, es decir, que, para avanzar en los procesos profundos de cambio, intervienen distintas condiciones:
- Un grupo de ellas son los distintos actores que intervienen desde sus diversos roles: adolescentes, docentes, directivos, familias, funcionarios, líderes comunitarios, organizaciones sociales, autoridades.
- Otro grupo asume que las transformaciones se dan desde la práctica de las instituciones educativas a las políticas educativas lo que supone la articulación entre los distintos niveles de gestión educativa.
- Y un tercer grupo, identifica que avanzar hacia la transformación esperada implica la conjunción de las dimensiones política (voluntad política, prioridades, sociedad civil demandante), la institucional (capacidad de conducir los cambios, financiamiento, marco normativo) y la técnica (rutas de acción)
En todas ellas se ponen en juego las creencias y conductas que son asumidas como normas sociales sobre la adolescencia y la oferta educativa que inciden en las decisiones de los distintos actores en los distintos niveles de cambio, desde la práctica escolar a la política pública.
Las Seis llaves para la transformación de la educación de adolescentes
Avanzar hacia la transformación de la atención educativa de las y los adolescentes en el Perú es un imperativo, es decir, que es necesario y urgente emprender procesos de cambio que vayan tanto desde la institución educativa como desde el sistema educativo, asumiendo como punto de partida y de llegada que la experiencia educativa forme en el ejercicio de una ciudadanía plena, solidaria, comprometida con el bien común y desde el reconocimiento del adolescente desde su particularidad y diversidad.
Para ello, se requiere identificar aquellos dispositivos o gatilladores que activarán o movilizarán estos procesos en distintos niveles, desde el sujeto adolescente, la institución educativa como espacio seguro y habilitador del desarrollo integral del adolescente y desde el rol del sistema educativo como soporte sostenido de esos cambios.
La transformación de la educación secundaria requiere activar dispositivos estructurales que operen simultáneamente en el plano pedagógico, institucional y sistémico.
Avanzar hacia la transformación de la atención educativa de las y los adolescentes en el Perú es un imperativo, es decir, que es necesario y urgente emprender procesos de cambio que vayan tanto desde la institución educativa como desde el sistema educativo, asumiendo como punto de partida y de llegada que la experiencia educativa forme en el ejercicio de una ciudadanía plena, solidaria, comprometida con el bien común y desde el reconocimiento del adolescente desde su particularidad y diversidad.
Para ello, se requiere identificar aquellos dispositivos o gatilladores que activarán o movilizarán estos procesos en distintos niveles, desde el sujeto adolescente, la institución educativa como espacio seguro y habilitador del desarrollo integral del adolescente y desde el rol del sistema educativo como soporte sostenido de esos cambios.
La transformación de la educación secundaria requiere activar dispositivos estructurales que operen simultáneamente en el plano pedagógico, institucional y sistémico.

Poner al centro de las decisiones educativas a las adolescencias, sus potencialidades y bienestar
Transformar la educación secundaria implica reconocer a las adolescencias como el principio organizador del sentido pedagógico, institucional y político del nivel, desplazando el foco de la provisión del servicio educativo al desarrollo integral de las y los estudiantes. Esto supone comprender que la secundaria no puede seguir estructurándose únicamente alrededor de la transmisión disciplinar o la preparación para niveles posteriores, sino que debe constituirse en un espacio con sentido en sí mismo: una experiencia de construcción de identidad, ejercicio ciudadano, bienestar y proyectos de vida.
Colocar a las adolescencias en el centro implica reconocer su diversidad territorial, cultural, lingüística, de género y socioeconómica, así como las múltiples trayectorias que configuran sus experiencias educativas. Supone también comprender que la adolescencia es una etapa de intensos cambios simultáneos —biológicos, cognitivos, emocionales y sociales— que reconfiguran profundamente la identidad y la agencia.
En este contexto, los desafíos clave del desarrollo adolescente —construcción de identidad, gestión de la sexualidad y regulación emocional— no pueden ser abordados desde una lógica escolar fragmentada, sino desde una propuesta integral que articule aprendizaje, bienestar y ciudadanía.
Existe una urgente necesidad de superar el paradigma tradicional que concibe la adolescencia como una etapa problemática, de riesgo o déficit. Como señala el enfoque del nuevo paradigma de la adolescencia, esta visión negativa no solo es incompleta, sino que puede producir efectos adversos al reforzar estereotipos y limitar las oportunidades de desarrollo (Marina et al., 2015).
El nuevo paradigma propone entender la adolescencia desde sus potencialidades, reconociendo capacidades emergentes como el pensamiento abstracto, la metacognición, la autonomía moral y la participación social. Este enfoque desplaza la mirada desde el control hacia el desarrollo positivo, desde la corrección hacia el empoderamiento, y desde la protección pasiva hacia la construcción de agencia.
El desarrollo adolescente no ocurre exclusivamente en la escuela. Es el resultado de una interacción compleja entre familia, comunidad, entorno social y sistema educativo. La evidencia muestra que las trayectorias educativas están profundamente condicionadas por las dinámicas familiares, la distribución del tiempo, las condiciones económicas y las expectativas sobre la educación.
El Estado, por tanto, no solo debe actuar sobre la escuela, sino también fortalecer las capacidades de las familias, generar condiciones sociales favorables y articular políticas intersectoriales que permitan sostener la escolarización.
¿Por qué poner a las adolescencias en el centro es transformador? Porque redefine el sentido mismo del sistema educativo. Una secundaria centrada en las adolescencias:
- fortalece el vínculo con la escuela
- mejora aprendizajes y bienestar
- reduce abandono y exclusión
- promueve ciudadanía activa
- habilita proyectos de vida con sentido
No es solo una opción pedagógica: es una condición para la equidad y el desarrollo social.
Lima, mayo de 2026
Fuente: Foro Educativo

